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martes, junio 21, 2011

1.2.3......INFINITO

Ese era el titulo de un libro, sobre grandes números, que mi viejo atesoraba en su biblioteca.
Grandes números para comprender la grandeza del Universo.
Una grandeza que se me antojaba mágica, increíblemente mágica.
Y soñaba que algún día, viajaria por los planetas en mi nave intrergaláctica.
Sueño compartido, claro, por millones de jóvenes en todo el mundo.
Y que se vio acrecentado, cuando en aquella madrugada de junio del 69, vimos como dos tipos pisaban la luna y saltaban como niños, apretujados en sus trajes de astronauta.
Que emoción indescriptible, poder ser testigos de aquel momento único en la historia de la humanidad.
Se imaginan a los pobladores del siglo XIV, viendo por televisión la llegada de Colón a América.
Bueno, algo así, vivimos los privilegiados que nos quedamos despiertos esa noche.
Pero una cosa es mirar la magia desde una pantalla de televisión en blanco y negro y otra, es mirarla en colores y desde una ventanilla única.
Buscar señales de vida en los cráteres de la luna o esperar que un alienígena nos saludara desde el planeta rojo, "no tiene gollete", le diríamos a nuestros amigos.
Y hasta poder ver el gigante Júpiter y los anillos de saturno.
Sentir la misma emoción que Galileo cientos de años atrás y ver lo mismo que el genio vio desde su precario telescopio.
Asi me sentia yo, cada vez que el viejo me invitaba a acompañarlo al observatorio del Liceo del Rosario.
Cuando la puerta se abría, después de subir una empinada escalera de caracol, era como entrar a un mundo mágico y reservado para algunos terrícolas privilegiados.
Diseñado por el padre Caranzano, un genio, al que tuve la suerte de tener de profesor, fue fabricado en el taller del señor Angioni, singular personaje, que vivia en la esquina de mi casa y que nos deleitaba cuando eramos niños,con increíbles piruetas en su bicicleta.
El mismo que cada vez que el viejo me mandaba por alguna cosa a su taller, te miraba con cara seria y te gritaba: “¡trajo la plata!”... Y luego, ante la cara de terror que seguramente haciamos, se mandaba una risa que resonaba en varias cuadras a la redonda y que culminaba con una especia de graznido único e irrepetible.
Aunque las luces de la ciudad jugaban en contra de una mejor visión, la altura en que se encontraba el observatorio, permitía mirar a ese mundo mágico y sorprenderse con las cosas que estaban allá arriba y que ese tubo largo las ponía ahí………. Cerquita.
Cuando la figura de la luna y sus cráteres se hace nítida, uno comprende la fascinación que los cuerpos celestes han tenido para el hombre, desde que el primero de nosotros pasó una noche al aire libre.
¿Quien no se quedo fascinado, observando nuestro satélite, en una noche de luna llena?
Y quién no se fascino doblemente, el día que pudo ver sus cráteres, con sus sombras incluso, sobre la superficie de la luna.
Pero sin dudas que la luna, aún con su belleza, es el más ordinario de los cuerpos celestes, desde que se puede observar a simple vista y casi todas las noches.
Imaginense poder ver el planeta rojo.
Después de haber leído infinidad de historias acerca de ese misterioso planeta que, por ejemplo, esta habitado por una civilización que construyó los canales que se puden ver con un telescopio y que dieroin lugar a las más increíbles hipótesis desde hace siglos, uno esta seguro que va a ver algo que dejara atrás todas las hipótesis.
Es la peor droga que se le puede dar al cerebro de un adolescente crédulo y fantasioso.
Y yo me la tome toda.
Marte, el dios de la guerra para los antiguos, que interpretaban que su coloración roja en el cielo, se asociaba con la sangre.
Marte, el fascinante Marte, ahora estaba ahí, al alcance de la mano.
Marte, el que enloqueció a uno de los padres de la cosmografía moderna,el grán Kepler,con su órbita errática.
Y si, los canales se ven clarito.
¿Y si fueron construidos por una civilización antigua?
-“¡No hay pruebas científicas!”-, respuesta del comandante progenitor.
No me convence, pero guardo silencio, no va a ser cosa que me mande pa´ casa.
Por Dios que hermoso y misterioso se ve desde esta ventanilla privilegiada.
Pero es hora de girar la nave-telescopio para buscar otra de las figuras de la noche.
Venus, el planeta del amor.
Rodeado de nubes permanentemente, es esquivo al ojo de los humanos y más para telescopios no muy potentes.
Pero igual se deja mirar y también es hermoso, muy hermoso.
Y la cabeza ya esta por explotar, cientos de pensamientos y fantasías te taladran el cerebro.
Y la imaginación se dispara como un cohete desde Cabo Cañaveral y estas volando.
Pero todavía el viaje te reserva otras sorpresas aún más increíbles y fascinantes.
El comandante ordena otro cambio de curso, directo a Saturno.
“Con suerte podremos ver los anillos”- dice-
¿Los anillos se ven?-pregunto fascinado.
-“Seguro”-responde.
Unos ajustes por acá y por allá y el tubo ventanilla queda orientado directamente al planeta de los anillos.
Majestuoso, con sus anillos a cuestas, Saturno se deja ver con una belleza conmovedora.
La imagen quedara impresa en la memoria hasta el día de hoy.
Es tanta la fascinación que produce, que es imposible quitarle la vista de encima.
Pero todavía no es tiempo de retornar a la tierra.
El viaje continúa y ahora hacia el planeta más grande de todos.
Nos vamos a Júpiter.
¡Que emoción!
Un temblor recorre cada centímetro del cuerpo.
Una especie de incontinencia te dice que busques un baño rápido.
Son demasiadas emociones juntas y tu organismo no esta preparado para eso.
Mientras preparas tu organismo ,el comandante hace los ajustes necesarios para viajar a Júpiter.
La bóveda celeste, ha venido girando lentamente y hay que apresurarse o no se podrá llegar a tiempo.
Luego del también fascinante Júpiter, es tiempo de retornar a la tierra.
Bajamos despacio la empinada escalera de Caracol.
La nave telescopio queda en silencio y oscura.
Abajo, una multitud nos recibe con vítores y aplausos.
Caminamos orgullosos entre la gente que quiere tocarnos, abrazarnos, besarnos.
El comandante, es requerido por los medios más importantes del mundo.
Una multitud de jóvenes hermosas, justo de mi edad, me requieren para que les firme autógrafos.
Me hago el canchero y les digo que no se apresuren, que a todas les firmare su cuaderno ,que, por supuesto, encuadernaron con mi foto.
Un fuerte tirón en el brazo, seguido de un reto del comandante, me hace ver que hace segundos, un auto casi me lleva puesto, en la esquina de 18 y Vizconde.
Y la verdad…. no se ve un alma a la redonda.-












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