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viernes, junio 24, 2011

A tantos años de distancia no es posible dilucidar con certeza la verdad de lo ocurrido pero, por la forma en que se produjo la tragedia resulta verosímil la tesis sobre la rivalidad entre las dos compañías y sus pilotos. La pericia técnica firmada por los doctores Francisco Rodríguez Moya, Neftalí Sierra y Epifanio Montoya designados por el Jefe de Seguridad de Medellín, Dr. J. Antonio Rico demostró que la ruta seguida por el F-31 fue de una "continuidad sorprendente" sobre todo por el rastro de la rueda izquierda del aterrizaje que, puede decirse, "es un trazado geométrico perfecto". La máquina describió una sostenida parábola de 30º en dirección del Manizales que estaba detenido frente a los hangares de la SCADTA. No se encontraron marcas de zizagueos que mostrasen un intento por corregir el rumbo, ni huellas de frenadas. "Por el contrario 180 metros antes del lugar del choque, desaparece la huella de la rueda derecha para volver a aparecer a 120 metros del lugar de la colisión. Vuelve a perderse pero más adelante aparece la huella central de la rueda de cola, como si en el instante de tomar altura hubiera aplicado ésta fuertemente contra el suelo."
En 1984 Horacio Ferrer reporteó en Medellín a Antonio Henao Gaviria el único periodista presente en la caseta de la SACO la tarde del 24 dejunio de 1935. Gaviria tenía en la época del reportaje 81 años y una prodigiosa lucidez. Recordó que el F-31 a unos 200 metros de iniciar su carreteo giró directamente hacia el Manizales sin levantar vuelo.
El choque de los aviones, dijo, fue como una bomba atómica que oscureció todo el aeropuerto. Con un extinguidor del batallón de Bomberos roció el cuerpo en llamas de José Plaja salvándole la vida. Esto signó una amistad para siempre. En una de las cartas que periódicamente le enviaba, Plaja desmintió totalmente la existencia de una disputa a bordo.
Al conjeturar sobre las causas del accidente, Gaviria dijo: "Alguna vez Samper, en el batallón Girardó, en una madrugada de parranda, me contó que el piloto alemán Ulrich Thom le había sobrevolado con una avioneta monoclub que tenía, como una provocación y que esperaba tomarse revancha algún día... Yo creo que él (Samper) trató de salirse de la pista y pasarle por encima y como no era muy técnico en trimotores ya que siempre había pilotado avionetas, falló..."
Similares declaraciones de don Antonio Henao Gaviria incluye Rodolfo Omar Zatti en su libro "Gardel 544 días finales" (Corregidor 1992, pág. 145): "Hacía pocos días, Thom había llevado en su avión al arzobispo de Ibagué, capital de Tolima y al pasar por sobre el avión de Samper le hizo un gesto como diciendo "mira lo que llevo yo; a ver lo que cargas tu"... Ya interpeto que Samper quiso devolverle la broma de días anteriores y en pleno carreteo de su máquina la hizo doblar hacia donde se encontraba su rival para mostrarle la carga humana que llevaba a bordo, pero ante la proximidad de la otra máquina y su poca pericia con este tipo de avión con carga, no pudo levantar y se produjo la horrenda colisión a las 14,56 horas del 24 de junio de 1935."
Testimonios y pericias parecen coincidentes: Samper desvió la marcha del F-31 fuera de la pista, en dirección del Manizales. Todo hace pensar en una temeraria imprudencia antes que en la obra de la fatalidad.
José Plaja secretario de Carlos Gardel durante la gira y uno de los tres sobrevivientes del siniestro, agregó otro hecho prácticamente ignorado en cuanto trabajo se ha escrito sobre Medellín. El miércoles 25 de junio de 1969 -después de 24 años de silencio- accedió a un reportaje del periodista Jaime Sureda Prat de Europa Press publicado en el diario "La Verdad" de Murcia, España.
Plaja vivía entonces en un pueblito del Ampurdán de Gerona, tenía 69 años y los dedos de ambas manos amputados por causa del fuego. "Me encargaron contratar un avión para que nos trasladara de Bogotá a Calí y me puse al habla con el capitán Morrison (NdA: Plaja menciona a un tal Morrison como el piloto que condujera el F-31 en la escala Bogotá-Medellín. Sin embargo el trimotor estuvo al comando de] piloto norteamericano Stanley Harvey. Plaja concedió en 1981 otro reportaje a Esteban Peicovich para la revista "Interviu" en el que, básicamente, narra los mismos hechos), un gran piloto que había formado una empresa con un tal Samper, un hombre muy rico y que puso el dinero para comprar dos aviones... La noche de la partida Morrison me dijo que si salíamos de madrugada podríamos hacer el vuelo directo de Calí pues cruzaríamos los Andes sin niebla y no tendríamos que remontarnos a gran altura, lo que nos permitiría llenar a todo los depósitos de gasolina. Pero salimos a las diez de la mañana y con los depósitos a medio llenar, lo que nos obligó a hacer escala en Medellín para repostar... La noche anterior hubo una partida de póquer que se demoró mucho... Salimos tarde por eso del póquer y el piloto tuvo que cambiar su plan, poner menos gasolina porque ya habría niebla espesa y por lo tanto, descender en Medellín..."
La muerte suele clausurar las pasiones, pero no en el caso de Gardel. La tragedia de junio originó arduas polémicas que perduran a sesenta y cinco años de ocurrida, como si se tratase de negar toda explicación que justifique lo inaceptable.
Las autoridades de Colombia siguen sosteniendo que la fatalidad copó aquella tarde de Medellín, pero muy pocos se resignan a creer en ello. Gardel aún muerto, sigue cultivando misterios.
La historia del mundo está llena de acontecimientos que fueron obra de locos, alucinados, visionarios, imprudentes y neuróticos. "Si Milcíades hubiera huido en Maratón y Carlos Martel en Poitiers, la civilización occidental habría sido diferente. Todo habría resultado distinto si Cristo hubiese renegado de su doctrina delante de Pilatos" (NdA: Sigmand Freud -"El Presidente Thomas W. Wilson. Retrato Psicológico"). Tal vez la historia del arte popular hubiera sido diferente de no ocurrir esa partida de póquer y la genial imprudencia de Samper Mendoza.
Originalmente publicado en la revista Club de Tango, Nº 14, Buenos Aires, mayo-junio 1995.

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